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¿Dónde estás Pachamama en esta tierra de los vikingos? "Vivo más de 25 años en Suecia con mi maleta de retorno a medio empacar". Extraño mucho a mi país. Me hace falta, sus costumbres, y sobre todo los ricos platos, como el chairo. Un día me enteré que en la ciudad de Växjö ya se había realizado la entrada del carnaval boliviano. Desde ese momento dejé de atormentarme con mi llajta. Esperé ancioso la realización del próximo encuentro de residentes bolivianos en esta tierra tan extraña.
Por Eulogio Limachi
Esta oportunidad de recordar el carnaval boliviano en Suecia, para mi
fue como un escape, y por que no decir como un parche momentáneo a mi
perpetua nostalgia de retornar a mi cuna boliviana.
Pasaron los años, como calles empedradas, pulidas con el tiempo. Un día
me enteré, no sé de quién, que en Malmö se realizaría otro encuentro.
Recuerdo que era el mes de julio de 1991, después de un día muy
aburrido, perdido en mi mismo, la curiosidad me llevó a ver de cerca
los preparativos para ese encuentro, y de este modo llegué a una
reunión en donde vi a mis compatriotas llenos de emoción. Jóvenes y
adultos proponían sus planes -pido la palabra, pido la palabra- para
llevar adelante la festividad. Oí muchos discursos y promesas, a mi
manera de captar era mas retórica que planes concretos. -Yo estoy
dispuesto a pelar las papas aunque a mano durante toda la semana, sólo
por tratarse de la llegada de los hermanos bolivianos, vociferó desde
un rincón un hombre de aspecto patriarcal. -Así somos pués, ya nos
conocemos no mas, en voz baja me cuchicheó una doñita.
Al regresar a mi departamento, mirando el cielo medité un poco sobre
esa tarde, en partes me sentí bien, y para resaltar mi emotiva
vivencia, durante toda la noche escuché, a todo volumen mis aires
nativos, de los sikus, charangos y quenas. El embrujo de esos tonos me
trajo a la memoria, y de paso, me parece que me había dormido y
soñado….. y despierto: era un amanecer andino. "Sentado yo sobre un
camión toyota de pasajeros con cargas y todo, rompíamos el silencio del
altiplano. Caras toscas y con pómulos abultados a mi alrededor,
quitándose el sombrero los tatas, con la hoja de coca entre los dedos
hacían venías al escudriñar con la mirada a los cerros, y, a la
Pachamama. El frío taladraba mis huesos. Me acordé de mi pueblo, de mi
ambiente y de mi casa. ¿Era un sueño?
¡Qué alegría! Por fin llegó el encuentro boliviano a Malmö, se habló de
la llegada de centenares de paisanos de La Paz, Cochabamba, Potosí…
Trajeron desde todos los rincones de Suecia música y trajes para
bailar. En el día de la inauguración vi cientos de personas que
seguramente tenían ganas de escuchar la misa y también cantar las notas
del himno nacional. Los niños al parecer eran ajenos a las ceremonias,
no era como en Bolivia. En mi patria los niños y las niñas acostumbran
entonar los himnos a todo pulmón.
De todas maneras, la semana transcurrió rápido, y llegó el día de la
despedida, con muchas anécdotas. Recuerdo que el local de la fiesta era
muy grande, en donde hasta los niños podían jugar al fútbol. La entrega
de premios duró mas de dos horas. Se bailó poco. Cuando todo estaba en
su punto, como se dice, entraron los uniformados a decomizar las
bebidas...
Al día siguiente, un sábado, antes de partir, en la entrada del
carnaval, el embajador de Bolivia designó a una "suequita" que llevara
una pancarta que decía Bolivia, encabezando así la caravana con
invitados y todo. Nuestro embajador -tenía una secretaria linda- nos
prometió ese día que para los próximos encuentros importaría cerveza
boliviana y mucho singani.
En Estocolmo, 1993. Allí me sentí mucho mejor, porque era capital de Suecia.
Muchos me comentaron de que este encuentro era igualito a las que se
hacen en Bolivia. Bien, valía la pena una semana de compartimiento y de
alegría, recordando así desde lejos a nuestra amada patria.
En la gran fiesta, en Blå Hallen, era muy grande y pomposo, uno no
podía divertirse bien, primero que las bebidas tenían un costo muy
elevado.
En la entrada del carnaval en Estocolmo me llamó la atención la danza de pujllay.
En Gotemburgo, 1994. Siempre quize ver en el exterior un grupo de
músicos acompañando a una danza autóctona con la whipala en alto. El
91, yo vi flamear la multicolor andina en Malmö, al compás de ritmos
andinos. Desde ese entonces comprendí, que en partes orgulloso de mi
folklore con ese nivel de calidad que presentaron y de organización,
creí que tal vez ya no era necesario seguir pensando en mi retorno a
Bolivia. Así, año tras año, yo, ya estaba encontrando mi identidad,
como en Eskilstuna, Västerås y en otras ciudades a pesar de que no era
como yo quería. Sentí ausencia de mi pueblo, de la bulla de los
transeuntes y del griterio de los vendedores ambulantes.
¿Qué más extrañaba?. ¿Acaso el idioma? A mis compatriotas jóvenes, en
todos los encuentros noté el dominio que éllos tenían del sueco, y en
cada rostro advertí un contraste, y también una especie de simbiosis
cultural…¿Dónde estas Pachamama en esta tierra de los vikingos? andaba
preguntándome. Si aún estoy sumergido hasta la raíz en la cultura
andina, yo como heredero cultural de mis tatarabuelos, ¿dónde tengo que
ir a pedir permiso para la wilancha? de ese modo agradecer a la
Pachamama para que el encuentro de los bolivianos en Suecia, sea más
idéntico, me hacía preguntas.
Un par de días después visité la exposición de pintura boliviana, en la
Biblioteca central de la ciudad. Me llamó los colores vivos y chillones
al igual que un aguayo.
¡Gracias Gotemburgo! dije, por la fiesta bailable, en la vieja caballeriza; donde la cumbia del "caballo viejo" estaba de moda.
Uppsala, 1996. De los preparativos para el encuentro me enteré por la
radio. Parece que uno se resigna a veces volvar la mirada hacía
Bolivia. Se habló tanto de Uppsala, como si fuera de la festividad del
"Gran Poder". A mis manos llegó el programa general del festival del
cine boliviano: "El coraje del pueblo", " El enemigo principal" y
"Fuera de aquí". Si yo tuviera que ver esas películas allí en mi pueblo
al lado de mi gente; demacrada, colonizada y humillada, compartería su
realidad y sus esperanzas, pero acá en Suecia, viendo el cine boliviano
apenas me conmovería, al final estaría más amargado. Me comentaron
también en alguna oportunidad en Estocolmo, sobre una documental que
pasaron en la televisión sueca. Muchos no creían de la realidad
marginada que viven los sectores populares en nuestro pueblo, sino
reclamaban la falta de lugares de atracción turística en la tv, con sus
momumentos, y decían que faltaban las residencias de los ricachones.
¿Porqué no muestran rascacielos y avenidas anchas y limpias adornadas
que tenemos hasta con palmeras?, se preguntaron.
A lo largo de los encuentros bolivianos tuve al mismo tiempo la
oportunidad de leer algunos documentos, y poca literatura boliviana con
claro predominio de chauvinismo, con palabras pulcras, y con notable
presencia de palabras en aymara y quechua , quizás para que el lector
boliviano lo entienda mejor.
En Noorköping,1997. Es doloroso perder el encuentro, pero no faltan
aquellos que cuentan los chismes después. La falla del cocinero.El ají
de fideo, pollo al horno, la sopa de maní.
Perder nuestra identidad, lo último que podríamos perder es nuestra
comida, después del idioma, me comentó una amiga. ¿Será cierto?
En Eskilstuna, en 1998. Estuve tan seguro de que los artistas suecos,
nombrados como jurados calificadores, iban a anunciar ganadores del
primer premio a la danza de la llamerada. Y no fué así, la saya caporal
ganó, según los jurados. Eso me enfadó mucho.
En esta geografía ajena a mis raíces, estoy buscando todavía mi
identidad, en todas partes. Sin lugar a dudas, para mi el encuentro
boliviano es una reunión de la familia boliviana, una semana de
encuentro con latinoamericanos y suecos y de otras nacionalidades.
Ahora no podemos bailar ni cantar en Estocolmo, ni en Växjö.
Quisiera que vuelva el encuentro como en Malmö,1999, con una orquesta
directamente venido desde Bolivia, toda una semana saboreando comida
boliviana, y matando la sed con cerveza Paceña y el Rujero en las
noches.
¿Dónde estás Pachamama en esta tierra de los vikingos? |
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